Por Jorge Benavides • Especialista en Confort Acústico • 5 min de lectura
Caminar o conducir por arterias como la Avenida Javier Prado, la Vía Expresa o la Avenida Arequipa en horas punta expone al sistema auditivo a intensidades que oscilan de manera continua entre los 80 y 92 decibelios (dB). Según la Organización Mundial de la Salud, exposiciones prolongadas por encima de los 70 dB activan una respuesta fisiológica involuntaria de alerta permanente en el sistema nervioso simpático.
El oído interno es irrigado por una arteria terminal extremadamente diminuta: la arteria auditiva interna o laberíntica. A diferencia de otros tejidos del organismo humano, no cuenta con vasos colaterales redundantes para compensar caídas repentinas en el flujo sanguíneo.
Cuando el claxon, los frenazos y el murmullo vehicular sobrecargan los receptores, el organismo libera noradrenalina y cortisol. Esta secreción provoca espasmo en el músculo liso vascular periférico, restringiendo el suministro de oxígeno y glucosa que alimenta a las miles de células ciliadas encargadas de transformar la vibración mecánica en impulsos nerviosos comprensibles.
Los primeros síntomas rara vez se manifiestan como una pérdida evidente de la capacidad de oír. En su lugar, se presentan como sutiles alteraciones que muchos profesionales en Lima consideran normales:
Integre «islas de silencio» de al menos 15 minutos al día. Al volver a casa, evite encender inmediatamente dispositivos de audio o televisión; permita que las células ciliadas descansen en penumbra sonora para recuperar su potencial de membrana natural.