Por Jorge Benavides • Especialista en Confort Acústico • 6 min de lectura
La integridad del oído interno no depende únicamente de evitar la música a volúmenes estridentes; depende en igual medida de la capacidad del organismo para neutralizar el estrés oxidativo mitocondrial que se genera de forma continua al transformar ondas sonoras mecánicas en impulsos bioeléctricos.
Los extractos estandarizados de hojas de Ginkgo biloba (ricos en flavonoides y ginkgólidos) son reconocidos por su acción directa sobre la microcirculación capilar. Al reducir la viscosidad de la sangre e inhibir el factor activador de plaquetas, facilitan el paso de glóbulos rojos a través de los capilares más estrechos de la estría vascular de la cóclea, asegurando una correcta oxigenación tisular.
Tras una jornada expuesto al ruido intenso de la ciudad, las sinapsis de las células ciliadas acumulan concentraciones elevadas de glutamato. Si este neurotransmisor no se recicla velozmente, produce la entrada masiva de calcio en las neuronas sensoriales, lo que causa fatiga celular y muerte apoptótica. El magnesio actúa como un bloqueador natural de los canales NMDA, blindando las terminaciones nerviosas.
El laberinto auditivo contiene una de las concentraciones de zinc más elevadas de todo el cuerpo humano. El zinc forma parte esencial de la enzima superóxido dismutasa (SOD), la principal defensora contra los radicales de oxígeno libres. A su vez, las vitaminas B6 y B12 mantienen en óptimas condiciones la vaina de mielina del octavo par craneal (nervio auditivo).
Para obtener beneficios tangibles en el bienestar sonoro diario, los nutrientes deben administrarse en formas de alta biodisponibilidad y complementarse con un descanso adecuado y reducción del tabaquismo o consumo excesivo de sal.